Música

lunes, 16 de diciembre de 2013

Amor

Curioso término que muchos intentan definir.
Singular palabra que tantos usan a la ligera.
Fortaleza y debilidad al mismo tiempo, una mano que te sujeta, un talón de Aquiles que te amenaza.
Sentir que tu corazón no está en ti, está con ella.
Tener miedo, pero sentir una seguridad envidiable.
Una razón de tu existencia, un propósito en la vida, un camino que seguir, una persona por la que luchar.
Empatía por el objetivo de tu amor, egoísmo por querer sólo su felicidad.
Confianza por encima de todo. Que jamás desconfíes, que tus secretos sean suyos, que todas tus penas las aplaque, que todas las alegrías las acompañe.
Amor. Esa agradable tortura.

martes, 26 de noviembre de 2013

Sangre roja

El suelo estaba cubierto por una alfombra acolchada de ceniza. Ceniza de ruinas, ceniza de pertenencias perdidas, ceniza de miles de almas cuyos llantos y gritos de auxilio aún se oían en la lejanía. En el horizonte, una sombra recortada sobre el contraste anaranjado de las nubes de polución que tantas bombas e incendios sin control habían dejado. La figura respiraba profundamente a través de una vieja máscara de gas. Se sentía atrapado en una escafandra claustrofóbica, pero sabía que respirar el veneno que poblaba ahora el ambiente sería una muerte segura y dolorosa. Ante él, un cuerpo cuya vida acababa de ser segada. La sangre bañaba las cenizas del suelo, dejando un brillo escarlata a sus pies. Una bayoneta estaba incrustada en el pecho del desdichado, destrozando su pecho, su corazón. El soldado que había ganado se arrodilló a su lado y le quitó la máscara, mostrando un rostro totalmente distinto al suyo, una piel diferente, unas facciones totalmente opuestas, otro género y otras preferencias. Sonrió de satisfacción mientras se llevaba la mano al símbolo adherido a su uniforme. Había cumplido la misión, había ganado, por su símbolo, por su raza, por su color, por su patria... El militar se dio la vuelta y se marchó pesadamente, perdiéndose en la niebla de ceniza de las ruinas, respirando con lentitud a través de su máscara. La mujer que yacía en el suelo tenía la mirada perdida en el cielo, un cielo corrupto y podrido que no dejaba pasar apenas la luz del sol ni de la esperanza. Un colgante con su símbolo reposaba sobre el charco de sangre roja.
El soldado sentía la soledad en todos sus huesos. No podía estar en todos los sitios al mismo tiempo, pero era una certeza, estaba solo, era el último, no había nadie más. Pero daba igual, lo había conseguido. Gracias a él, su símbolo había ganado, había resultado victorioso. Cogió su daga de combate, apuntó a su pecho y apretó con fuerza, perforándolo, abriéndose paso por las costillas hasta provocar una herida mortal. Y su uniforme se empapó, sus pies se empaparon. Bajo él, un charco, un charco de sangre.
Sangre roja.

martes, 29 de octubre de 2013

¿Justicia? Meh...

Ese término tan usado y explotado, tan cruelmente distribuido. Justicia. ¿Qué es la justicia? Una máscara, un disfraz. Una fachada que esconde tras de sí su verdadero significado. Un motivo más que muestra la hipocresía humana.
Un hombre viola y mata a una joven muchacha en un oscuro callejón. Es apresado, pero liberado por falta de pruebas. ¿Qué dicen los familiares de la víctima? Queremos justicia.
Un corrupto dictador suprime libertades y ejecuta inocentes por culpa de unos ideales primitivos y ridículos que escapan de toda lógica. Hay gente alrededor del mundo escandalizada. Y salen a la calle. ¿Qué gritan? Queremos justicia.
Un político estafa millones mientras su país sufre los azotes del ahorro y de la pobreza, mientras muchos ciudadanos son echados de sus casas sin razón alguna. ¿Qué pide la gente? Queremos justicia.
JUSTICIA, JA. No queréis justicia. Queréis VENGANZA. Una palabra dura y fría, un término cruel que, por alguna razón, refleja falta de humanidad.
¿Falta de humanidad? ¿Quién ha decidido eso?
Justicia es una palabra que disfraza la venganza. Una venganza que todos añoráis en algún punto de vuestras vidas, un sentimiento que deseáis saciar y aliviar, un ojo por ojo, diente por diente. Algo que tenéis miedo de reflejar por ser llamados crueles o sádicos.
No queréis justicia. Queréis un castigo. Algo que muestre que las malas acciones tienen peores consecuencias. Pues no es la moral lo que sostiene a los rastreros villanos, es el miedo.
Seguís diciendo en voz alta que los criminales están encerrados para ser rehabilitados, cuando en vuestro interior se crea algo distinto, algo que teméis que sea reflejado. Queréis que sufra lo que ha hecho, que vea lo que se siente al maltratar, al matar, al violar, al robar. Queréis venganza y os excusáis en que lo que pedís es justicia.
Hipócritas, no ocultéis lo que sentís. No hay que rebajarse a su nivel, respondéis, y sin embargo deseáis que alguien acabe rebajándose, que alguien los someta del modo en que os sometían ellos. Queréis que los villanos tengan el mismo miedo que os han provocado...
Los malos merecen un castigo.
Y, en vuestro interior, sabéis que esta frase es cierta...

sábado, 28 de septiembre de 2013

Por mucho que le duela a mi misantropía.

Tu mirada recorre el paisaje con un brillo de tristeza y melancolía. Tus retinas reciben una extensa gama de colores, desde el más vivo de los amarillos hasta el más suave de los azules. Colores que no sabrías clasificar o, si sabes, jamás tendrías tiempo para hacerlo. Pero tu mente sólo recibe el gris. Ese tono monótono, aburrido y triste sin matiz alguno. Gris, gris, GRIS.
No parece haber nada que lo coloree, nada que resalte, nada que merezca la pena.
¿Seguro que no? Mira bien.
Plantas con hojas verdes y flores ocres que luchan contra la gravedad para alzar sus fibrosos cuerpos hacia el cielo, como si con sus ramificaciones pretendieran rozar las nubes. Esas nubes que se ven tan lejanas, siempre en movimiento, deshilachándose y juntándose mientras sus deliciosas texturas de algodón forman preciosos efectos en la luz que reciben.
Estructuras y mecanismos creados por una sola especie, cada uno con su utilidad y su magia, algo que ante la lógica parecería imposible, pero que se muestra ante ti en una forma pedante, gritando en silencio "¡Mirad lo que hemos hecho!".
Y las personas...
Personas que ante mi misantropía son simples formas que se creen superiores por pensar más, por haber tenido la facilidad de evolucionar sin competencia notable... Cuyos ojos son grises sin serlo, vacíos e ignorantes...
Pero... A su forma son fascinantes. Son únicos, diferentes, singulares y colectivos. Unos quieren, otros odian, y siempre habrá alguno que resalte. Son una mente conjunta que se mueve como una colmena, como un hormiguero, todos insectos obreros con el mismo objetivo... Pero también son solitarios, cada uno encerrado en su ser, con sus preocupaciones y opiniones, siempre marchando en distintas direcciones por el mismo camino.
Son humanos.
Y, por muy simples que parezcan a veces, son una masa indomable e inconforme, luchadora hasta el final por sus propias mentes, siempre pensando y reflexionando.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Bosque

   Tus pasos resuenan entre crujidos de hojas secas. Troncos podridos y roídos se levantan a tu alrededor, un oscuro bosque cuyo hedor a corrupción y a enfermedad invade el aire de una forma casi nociva. Un rayo de luz se filtra por un hueco entre todas esas ramas retorcidas que se entrelazan entre sí. El haz cae sobre un punto verde, el único en muchas hectáreas. Aceleras tu paso. Sabes que no tienes mucho tiempo. Un retoño bañado por la luz del sol, un pequeño árbol con hojas de color esmeralda y flores hermosas que buscan cualquier calidez posible. Las ramas de los árboles podridos comienzan a crecer hacia el haz, agarrándose para formar un techo opaco que no deje pasar ni un hilo de luz. Las raíces se abren paso por la tierra en dirección al retoño, dispuestas a consumir hasta la última gota de agua de la que bebe. Corre, maldita sea, ¡corre! Caes de rodillas al lado de aquella pequeña esperanza. Te das la vuelta, vagando tu desafiante mirada en esos troncos podridos.
   -¡NO!- gritas.- ¡Jamás cesaré en mi empeño! ¡No permitiré que vuestras retorcidas ramas tapen la luz de aquellos que saben aprovecharla! ¡No dejaré que vuestras sucias raíces los humillen, dejándolos secos! ¡Nunca me quedaré quieto mientras convertís una pequeña y reluciente esperanza en un viejo tronco envenenado como vosotros!
   Tu vista se aclara. La nitidez llega. No son árboles, son personas. Y en el lugar del retoño, alguien agazapado, tembloroso, con miedo. Alguien cuyo ser resalta, se levanta. Que ha resistido la presión hasta que has llegado. Te arrodillas a su lado. Sólo necesita unas palabras. Una frase de tres palabras que terminará con esa desesperanza.  Algo que siempre habías necesitado.
   -No estás sólo.

sábado, 17 de agosto de 2013

Odio

Si tuviera que usar una sola palabra, una sola para definir la actualidad, lo tendría claro: ODIO.
Es más que ausencia de aprecio, es más que indiferencia. El odio te oscurece, tus ojos no ven positivismo, no ven ventajas en el objeto de tu odio. Para ti sólo existen problemas. Le miras fijamente y deseas pegarle, gritarle, zarandearle con violencia.
Y hoy en día, la humanidad tiene eso. Odio.
¿Qué desastres se han hecho para merecer ese odio? ¿Qué salvajadas?
Nada. Los objetos de odio no son tiranos ni asesinos. No son ladrones ni embaucadores. Éstos son amados mientras el objetivo del odio es otro, uno más indefenso.
¿Por qué? POR NADA.
POR IGNORANCIA. Ignorancia ante algo diferente que no comprenden y que, por tanto, no debería existir.
POR MIEDO. Cobardes que temen lo que no entienden, que huyen de lo desconocido para reagruparse y atacarlo.
¿Se puede concienciar a esa gente, a esos mequetrefes cobardes e ignorantes? NO.
Porque su mente está cerrada, nada podrás recuperar. Se empeñan en esa maldita palabra. Odiar, odiar, odiar, ODIAR. ¡Nada puede hacer que cambien de opinión! Dan pena.
Misóginos, xenófobos, homófobos... Buscáis excusas INÚTILES porque sois los primeros que sabéis que vuestro odio es IRRACIONAL. Y cuando os veis sobrepasados decís ser las víctimas, acusando a los distintos de querer cambiar el mundo.
Con gente como vosotros, yo lo cambiaría.
Panda de cobardes con el corazón vacío que odiáis sin razón alguna, que no sabéis como llenar vuestras desgraciadas almas. Sois conscientes de vuestra irracionalidad, pero no queréis mostrarlo, pues tenéis miedo de cambiar.
Pero yo no os odio. Siento lástima por vosotros y vuestra cobardía. Y aún mantengo la esperanza de poder recuperar el amor que perdisteis. Aquel que se refleja hacia el resto y hacia vosotros mismos.
Es una tonta esperanza. No se puede revivir lo que está muerto.

miércoles, 17 de julio de 2013

Detrás de las palabras

Hablar. Escribir. Explicar. Contar. Relatar...
... engañar...
Es sencillo aprender a articular palabras, aprender a escribirlas en un trozo de papel o un documento de ordenador. Es muy fácil dar discursos, contar historias majestuosas...
Pero tras las palabras se esconde algo más...
Muchos son aquellos que usan las palabras para sus propios intereses, aquellos que gritan discursos embaucadores, aquellos que publican cortas frases bonitas sin léxico alguno, aquellos que escriben relatos e historias que no poseen el sentimiento necesario...
¿Puedes leer tras las palabras? ¿Puedes escuchar tras los discursos?
Primero para y asimila lentamente las palabras que has leído u oído. ¿Quieren significar algo? Porque la mayoría de escritos, discursos o frases están vacías. Y las personas están ciegas.
Masas que bailan al son de una canción sin melodía alguna, una canción repetitiva con una fachada llena de promesas. Una fachada que bien puede ser la fama, el poder, la superficialidad física. Así es como muchos consiguen sus metas con palabras vacías de cualquier significado real.
Yo te pregunto, ¿eres parte de esas masas? ¿Eres capaz de leer más allá de las palabras? ¿Puedes ver la falsedad que esconden los grandes discursos de los poderosos o las frases de los más ignorantes?
Para mí no hay relatos sin sentimiento, no hay frases románticas sin haber sido escritas con verdadero amor, no hay discursos que valgan si no llevan a ningún sitio.
Y aún así son pocos los que ven la verdad tras las palabras. Son calificados de envidiosos, de traidores, de necios... Son una minoría que no debe rendirse por la presión de masas de autómatas que no saben leer de verdad.
Muchos pueden escribir. Muchos pueden hablar.
Pero pocos dicen algo.