Tu mirada recorre el paisaje con un brillo de tristeza y melancolía. Tus retinas reciben una extensa gama de colores, desde el más vivo de los amarillos hasta el más suave de los azules. Colores que no sabrías clasificar o, si sabes, jamás tendrías tiempo para hacerlo. Pero tu mente sólo recibe el gris. Ese tono monótono, aburrido y triste sin matiz alguno. Gris, gris, GRIS.
No parece haber nada que lo coloree, nada que resalte, nada que merezca la pena.
¿Seguro que no? Mira bien.
Plantas con hojas verdes y flores ocres que luchan contra la gravedad para alzar sus fibrosos cuerpos hacia el cielo, como si con sus ramificaciones pretendieran rozar las nubes. Esas nubes que se ven tan lejanas, siempre en movimiento, deshilachándose y juntándose mientras sus deliciosas texturas de algodón forman preciosos efectos en la luz que reciben.
Estructuras y mecanismos creados por una sola especie, cada uno con su utilidad y su magia, algo que ante la lógica parecería imposible, pero que se muestra ante ti en una forma pedante, gritando en silencio "¡Mirad lo que hemos hecho!".
Y las personas...
Personas que ante mi misantropía son simples formas que se creen superiores por pensar más, por haber tenido la facilidad de evolucionar sin competencia notable... Cuyos ojos son grises sin serlo, vacíos e ignorantes...
Pero... A su forma son fascinantes. Son únicos, diferentes, singulares y colectivos. Unos quieren, otros odian, y siempre habrá alguno que resalte. Son una mente conjunta que se mueve como una colmena, como un hormiguero, todos insectos obreros con el mismo objetivo... Pero también son solitarios, cada uno encerrado en su ser, con sus preocupaciones y opiniones, siempre marchando en distintas direcciones por el mismo camino.
Son humanos.
Y, por muy simples que parezcan a veces, son una masa indomable e inconforme, luchadora hasta el final por sus propias mentes, siempre pensando y reflexionando.
Música
sábado, 28 de septiembre de 2013
Por mucho que le duela a mi misantropía.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Bosque
-¡NO!- gritas.- ¡Jamás cesaré en mi empeño! ¡No permitiré que vuestras retorcidas ramas tapen la luz de aquellos que saben aprovecharla! ¡No dejaré que vuestras sucias raíces los humillen, dejándolos secos! ¡Nunca me quedaré quieto mientras convertís una pequeña y reluciente esperanza en un viejo tronco envenenado como vosotros!
Tu vista se aclara. La nitidez llega. No son árboles, son personas. Y en el lugar del retoño, alguien agazapado, tembloroso, con miedo. Alguien cuyo ser resalta, se levanta. Que ha resistido la presión hasta que has llegado. Te arrodillas a su lado. Sólo necesita unas palabras. Una frase de tres palabras que terminará con esa desesperanza. Algo que siempre habías necesitado.
-No estás sólo.
sábado, 17 de agosto de 2013
Odio
Si tuviera que usar una sola palabra, una sola para definir la actualidad, lo tendría claro: ODIO.
Es más que ausencia de aprecio, es más que indiferencia. El odio te oscurece, tus ojos no ven positivismo, no ven ventajas en el objeto de tu odio. Para ti sólo existen problemas. Le miras fijamente y deseas pegarle, gritarle, zarandearle con violencia.
Y hoy en día, la humanidad tiene eso. Odio.
¿Qué desastres se han hecho para merecer ese odio? ¿Qué salvajadas?
Nada. Los objetos de odio no son tiranos ni asesinos. No son ladrones ni embaucadores. Éstos son amados mientras el objetivo del odio es otro, uno más indefenso.
¿Por qué? POR NADA.
POR IGNORANCIA. Ignorancia ante algo diferente que no comprenden y que, por tanto, no debería existir.
POR MIEDO. Cobardes que temen lo que no entienden, que huyen de lo desconocido para reagruparse y atacarlo.
¿Se puede concienciar a esa gente, a esos mequetrefes cobardes e ignorantes? NO.
Porque su mente está cerrada, nada podrás recuperar. Se empeñan en esa maldita palabra. Odiar, odiar, odiar, ODIAR. ¡Nada puede hacer que cambien de opinión! Dan pena.
Misóginos, xenófobos, homófobos... Buscáis excusas INÚTILES porque sois los primeros que sabéis que vuestro odio es IRRACIONAL. Y cuando os veis sobrepasados decís ser las víctimas, acusando a los distintos de querer cambiar el mundo.
Con gente como vosotros, yo lo cambiaría.
Panda de cobardes con el corazón vacío que odiáis sin razón alguna, que no sabéis como llenar vuestras desgraciadas almas. Sois conscientes de vuestra irracionalidad, pero no queréis mostrarlo, pues tenéis miedo de cambiar.
Pero yo no os odio. Siento lástima por vosotros y vuestra cobardía. Y aún mantengo la esperanza de poder recuperar el amor que perdisteis. Aquel que se refleja hacia el resto y hacia vosotros mismos.
Es una tonta esperanza. No se puede revivir lo que está muerto.